lunes, 26 de noviembre de 2012

Este libro y esta investigación fue hecho por la Doctora en Educación de la Universidad Mayor de San Marcos: ROSA DEL CARPIO ARGUEDAS.

El contenido de este sitio web es un libro que ha sido registrado con derecho de autor en INDECOPI en Lima cuyo Nro. Partida Registral es: 01111- 2012. Este libro puede ser reproducido total o parcialmente, pero conservando el nombre de la autora y No variando sus contenidos. Un gran sitio web de teología cristiana del Magister José Andrés Cuadros es: http://www.catolicoaldia.blogspot.com/
INTRODUCCIÓN

El objetivo de esta obra es buscar a Cristo mediante el descubrimiento de la presencia de la Santísima Virgen María en el significado del sufrimiento de la humanidad actual, para así cumplir  el propósito de ella que es hallar a Jesús en los dramas de la humanidad. Porque asimismo, cuando estuvimos totalmente perdidos entre las tinieblas del pecado original  de nuestros primeros padres, Dios también nos buscó mediante la persona divina de Jesús y nos halló, con la colaboración  de la Santísima Virgen para nuestra Redención.

De allí que también intentaremos interpretar el mensaje y significado de Jesucristo y la Santísima Virgen María,  para los pasos de nuestra enmarañada vida actual, llena de sufrimientos y dificultades en nuestras responsabilidades, roles y luchas.

Ella no culminó en la cruz su maternidad trascendental, por ser Madre del  Redentor; pues fue precisamente desde allí que Jesucristo le entrega la tarea de continuar su maternidad con nosotros. Por lo tanto, su amor y su condición de Madre Dolorosa continúan en la vida de cada uno de nosotros y en los dramas actuales de toda la humanidad, porque con la maldad de nuestros pecados propiciamos la continuación de su dolor. Esto significa que perdura su presencia en la trama del desenvolvimiento histórico de la humanidad, con los ojos puestos en sus hijos, en sus sufrimientos, como lo estuvo con Jesús al pie de la cruz.

Ella cae y levanta con nosotros según nuestros acontecimientos históricos. Y de estas circunstancias conocemos a profundidad las madres, porque siempre estamos pendientes  de los actos de nuestros hijos, sus consecuencias, sus aciertos o errores,  sufrimientos y valores, ¡el rol de una madre nunca muere! Entonces, María preside también  el curso de los dramas actuales de la humanidad, motivados por la presencia y universalidad del pecado en el mundo, dado que nuestra naturaleza está herida e inclinada al mal desde el pecado original, lo cual trae una influencia negativa sobre las personas y las estructuras sociales, que hacen de nuestra vida un constante combate entre el bien y el mal. Pero Dios siempre nos auxilia con su misericordia y la presencia de la Santísima Virgen María, quien mediante su Hijo, lucha contra la serpiente del mal en estos dramas; ¡todos debemos sentirnos comprometidos con ella!

          Día tras día, cargamos una serie de sufrimientos  que como eslabones de cadena teje el demonio sobre nuestras vidas, para los cuales se sirve de nuestros pecados  como odios, envidias, matanzas en guerras, egoísmos, injusticias, ambición de mayor poder y riqueza, desprecios de unos líderes sobre otros, terrorismo,  etc., albergando la maldad en nuestros corazones.

Ahora, pareciera que en la humanidad hay un divorcio entre fe y vida,  de allí que hay gente que, aunque cree en Dios, vive sin  practicar sus mandatos, y busca un paraíso sin Dios, lo cual conduce al fracaso, porque en ello ya  cayeron nuestros primeros padres,  así vivimos un humanismo sin Dios, que termina siendo inhumano. Además, hay  una crisis de modelos, pero por ser la Santísima Virgen María reflejo pleno y perfecto del rostro de Cristo, es el modelo que nos ofrece a seguir.

Ella, actualmente, como en sus altares, nos  muestra entre sus brazos al Dios de la esperanza, del perdón y amor, a cuyo acercamiento conduce a quienes la buscan, para tener la fuerza suficiente en la lucha contra los dramas de la humanidad. Así como mediante su Hijo aplastó la cabeza de la serpiente maligna, nos insta a que aplastemos nuestros pecados que oprimen a los pueblos, que globalizan la injusticia, coactan el derecho fundamental a la vida  y la manipulan,  que a los débiles los torturan, marginan, discriminan, excluyen o esclavizan, que conflictivizan con las armas, violentan a la mujer, al niño y a su familia, traen hambre, pobreza extrema, y ponen en riesgo nuestro planeta.

Porque todos ellos constituyen “El pecado del mundo” como escenario de los dramas actuales de la humanidad, para quien está dirigida el plan de salvación de Dios con la entera colaboración de María. Pues, ella nos trajo al Redentor a fin de que en la Tierra se establezca el Reino de Dios  y luego pasemos con Cristo al Paraíso de los Cielos. El Reino de Dios en la Tierra significa una civilización de vida, de verdad y de amor.

Para nuestra salvación la Virgen María estuvo inmersa en el drama trascendental de la pasión y muerte de Cristo, presente de modo silencioso y maternal, con todo lo que ella  significaba para su Hijo y la humanidad en redención. Ahora, presente también en los dramas actuales de la humanidad, sale a nuestro encuentro  para consuelo de nuestras aflicciones, como “Estrella de la Mañana”, y contagiarnos también de su alegría, que recibió de Dios al momento de la Anunciación cuando el ángel Gabriel le dijo: “Alégrate María, porque haz hallado  gracia ante el Señor”, y ella lo manifestó luego cuando recitó el Magnificat a su prima  Isabel.

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